Un millón 600,000 niños menores de 14 años son explotados laboralmente
(ANDINA).
Uno de cada cuatro niños en Perú trabaja dentro del rango no permitido
por la legislación, es decir, 1 millón 600,000 niños menores de 14 años
-de un total de ocho millones- son explotados laboralmente, lo que
explica casos de deserción escolar, crecimiento de pobreza y crecimiento
del crimen organizado”, se informó hoy.
La
titular del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp),
Ana Jara, hizo esta afirmación al participar en las incursiones urbanas
realizadas en el marco de la campaña por el Día Mundial contra el
Trabajo Infantil, en coordinación con Telefónica del Perú y el
Ministerio de Trabajo.
Jara Velásquez dijo que en América Latina las cifras no eran menos alarmantes, pues 1 de cada 10 niños es explotado laboralmente, hecho que ha sensibilizado a los países del mundo para no seguir permitiendo este tipo de abuso.
En ese sentido, la titular del Mimp consideró de suma importancia poner en agenda el tema con el fin de eliminar la permisividad de la sociedad frente a niños que piden dinero en las esquinas o trabajan en forma encubierta, cuando por su edad deberían estar en el calor del hogar.
Durante esta actividad, en la que se repartieron volantes y folletería, Jara estuvo acompañada por Javier Manzanares, presidente de Telefónica del Perú; Mario Coronado, director de la Fundación Telefónica; y Edgard Quispe Remón, viceministro de Promoción del Empleo y Capacitación Laboral, entre otros invitados.
Debe señalarse que Huancavelica, Puno, Huánuco y Amazonas son las regiones que presentan una muy elevada tasa de trabajo infantil. En tanto, Apurímac y Cusco tienen tasa alta; Pasco, Junín, Madre de Dios, Áncash, Cajamarca, Ayacucho y Ucayali (tasa media); Piura, Tumbes y La Libertad (tasa baja); Lambayeque, Loreto, Ica, San Martín, Moquegua, Tacna, Arequipa, Lima, Lima Metropolitana (tasa muy baja).
Asimismo, las principales dificultades para que los menores dejen el trabajo infantil se dan a nivel de la familia, a su resistencia por razones culturales, por estar conformada por padres maltratadores o abusadores, o porque la familia tiene pocos recursos laborales, añade el portafolio.
Respecto a las consecuencias del trabajo infantil, se da en el impacto psicológico y en la salud física: provoca estrés, minando la salud mental de los niños y niñas que trabajan. Asimismo, afecta el rendimiento y la permanencia en la escuela, y es una de las causas de la deserción escolar, lo que reduce oportunidades futuras.
A ello se agregan trastornos por el tipo de trabajo: infecciones dermatológicas, malformaciones en la columna vertebral, heridas con objetos punzantes, infecciones respiratorias, enfermedades parasitarias, agotamiento físico y, por último, exposición a accidentes de tránsito y a violencia de toda forma, incluida la sexual.
Jara Velásquez dijo que en América Latina las cifras no eran menos alarmantes, pues 1 de cada 10 niños es explotado laboralmente, hecho que ha sensibilizado a los países del mundo para no seguir permitiendo este tipo de abuso.
En ese sentido, la titular del Mimp consideró de suma importancia poner en agenda el tema con el fin de eliminar la permisividad de la sociedad frente a niños que piden dinero en las esquinas o trabajan en forma encubierta, cuando por su edad deberían estar en el calor del hogar.
Durante esta actividad, en la que se repartieron volantes y folletería, Jara estuvo acompañada por Javier Manzanares, presidente de Telefónica del Perú; Mario Coronado, director de la Fundación Telefónica; y Edgard Quispe Remón, viceministro de Promoción del Empleo y Capacitación Laboral, entre otros invitados.
Debe señalarse que Huancavelica, Puno, Huánuco y Amazonas son las regiones que presentan una muy elevada tasa de trabajo infantil. En tanto, Apurímac y Cusco tienen tasa alta; Pasco, Junín, Madre de Dios, Áncash, Cajamarca, Ayacucho y Ucayali (tasa media); Piura, Tumbes y La Libertad (tasa baja); Lambayeque, Loreto, Ica, San Martín, Moquegua, Tacna, Arequipa, Lima, Lima Metropolitana (tasa muy baja).
Asimismo, las principales dificultades para que los menores dejen el trabajo infantil se dan a nivel de la familia, a su resistencia por razones culturales, por estar conformada por padres maltratadores o abusadores, o porque la familia tiene pocos recursos laborales, añade el portafolio.
Respecto a las consecuencias del trabajo infantil, se da en el impacto psicológico y en la salud física: provoca estrés, minando la salud mental de los niños y niñas que trabajan. Asimismo, afecta el rendimiento y la permanencia en la escuela, y es una de las causas de la deserción escolar, lo que reduce oportunidades futuras.
A ello se agregan trastornos por el tipo de trabajo: infecciones dermatológicas, malformaciones en la columna vertebral, heridas con objetos punzantes, infecciones respiratorias, enfermedades parasitarias, agotamiento físico y, por último, exposición a accidentes de tránsito y a violencia de toda forma, incluida la sexual.
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